Experta en Feng Shui
Durante más de 25 años, Rut Komori ha estudiado, aplicado y experimentado el Feng Shui y distintas prácticas energéticas. Su visión parte de una certeza: una casa no es únicamente el escenario donde transcurre nuestra existencia, sino un reflejo de quienes somos y de la energía con la que construimos nuestra realidad.
Hay personas que transforman espacios y, en ese proceso, acompañan también la transformación de quienes los habitan. Para Rut Komori, comprender la energía de una casa ha sido un camino de vida, pero también una profunda búsqueda espiritual.
Cuando se define más allá de su profesión, no comienza hablando de títulos ni de conocimientos. Se describe como “una mujer bendecida, amada, feliz, sana, amorosa, enamorada”, con una certeza absoluta en el orden perfecto del Universo y un profundo amor a Dios.
Su relación con el mundo energético comenzó mucho antes de conocer el Feng Shui. Desde niña percibía que ciertos conceptos del mundo material no terminaban de tener sentido para ella. Sentía una especie de guía interior que parecía conducirla en una dirección diferente a la marcada por la educación, la familia y las estructuras convencionales. Durante un tiempo, esa contradicción se manifestó como rebeldía.
Todo comenzó a ordenarse cuando asistió a su primera clase de Feng Shui. De pronto encontró conceptos y definiciones para muchas de las cosas que hasta entonces había percibido intuitivamente. Comenzó a estudiar, experimentar y observar los efectos que, desde esta disciplina, atribuía al manejo de las energías. Lo que empezó como aprendizaje se convirtió en una práctica que ha desarrollado durante más de 25 años.

Una historia construida desde la experiencia
Su trayectoria personal está lejos de haber seguido un camino convencional. Rut recuerda haber vendido bolsas para basura de casa en casa, lavado automóviles y trabajado lavando trastes en una fonda. Más adelante fue mesera y llegó a convertirse en gerente de un restaurante.
La maternidad representó otro punto de inflexión. Al tener a su hija decidió trabajar desde casa y comenzó a leer las cartas a personas conocidas. Las recomendaciones hicieron que fueran llegando nuevos consultantes. Paralelamente, continuó trabajando y estudiando Feng Shui, incorporando progresivamente otras herramientas energéticas y espirituales.
Con los años desarrolló lo que denomina la terapia de los nueve cuerpos, una visión que contempla al ser humano desde nueve dimensiones: cuerpo físico, emocional consciente, mental, supraconsciente, energético, álmico, espiritual, colectivo y casa. Actualmente combina sus negocios con terapias, clases, diplomados y armonización de espacios.
Para ella, el gran momento de integración llegó cuando consiguió unir las dos dimensiones que reconoce dentro del Feng Shui: la energética y la espiritual. A partir de entonces dejó de verse como la responsable última de los cambios y comenzó a comprenderse como un canal para acompañar a otras personas. Desde su perspectiva espiritual, es el Creador del Universo quien permite las transformaciones energéticas y los cambios de destino que ella busca favorecer mediante su práctica.
La casa como laboratorio de vida
Rut no habla únicamente desde el estudio. Una parte fundamental de su filosofía procede de haber llevado a su propia vida cada conocimiento adquirido. En los últimos 26 años asegura haberse mudado más de 23 veces, experimentando con diferentes viviendas, configuraciones y circunstancias.
El proceso no siempre fue sencillo. Relata haber vivido resultados extremos, “desde quiebra financiera hasta riqueza instantánea”, mientras buscaba comprender cómo determinadas modificaciones podían relacionarse con los cambios que experimentaba en su vida.
Uno de los episodios que más recuerda ocurrió después de buscar deliberadamente una vivienda con un mapa energético específico. Cuando encontró la casa, se mudó e instaló una fuente en el lugar que había planeado. Según relata, posteriormente la facturación de sus empresas creció un 300%. Para Rut, experiencias como esta fortalecieron una convicción que hoy constituye uno de los pilares de su trabajo: el hogar refleja la vida de sus habitantes.
Después de años de estudio, observación y práctica, afirma que al recorrer visualmente una vivienda puede identificar elementos que, desde su interpretación del Feng Shui, se relacionan con dinámicas familiares, fortalezas y conflictos.
Su visión va todavía más lejos: considera que cada persona llega a la casa que necesita experimentar en determinado momento de su camino.
“La casa tiene espíritu”
Uno de los mayores errores, explica, es considerar la vivienda simplemente como “algo”: un sitio para dormir, resguardarse o exhibir un determinado estilo de vida. Para Rut, una casa posee espíritu y establece una relación profunda con quienes la habitan.
También cuestiona algunos estereotipos alrededor del Feng Shui. Armonizar energéticamente una vivienda, señala, no significa convertirla estéticamente en un espacio de apariencia china, ni implica necesariamente entrar en conflicto con una religión o filosofía. Tampoco considera que todo el trabajo pueda depositarse en el espacio físico: sus habitantes necesitan participar conscientemente en el proceso.
Desde su enfoque, la influencia del hogar representa un 33.3% y puede relacionarse con ámbitos como la salud, las relaciones o la prosperidad. Es una interpretación propia de su práctica y de la tradición que estudia, pero para ella adquiere sentido fundamentalmente a través de la experiencia.
Por eso, cuando alguien le pregunta cómo comenzar a transformar su casa, su respuesta resulta sorprendentemente sencilla: orden, limpieza y mantenimiento.
Recomienda retirar aquello que está roto, descompuesto, que ya no sirve o simplemente no se utiliza. Sin embargo, para Rut el principio no termina en los objetos. Lo que sucede físicamente en la vivienda encuentra un paralelismo en quienes la habitan: ordenar una casa invita también a observar aquello que necesita orden en los planos físico, mental y emocional.
Encender una luz en el mundo
Después de tantos años, lo que continúa motivándola son los resultados que observa en las personas que confían en ella para intervenir sus espacios. Hay una imagen que utiliza para explicar el propósito de su trabajo: imagina cada hogar armonizado como una pequeña luz que comienza a brillar con mayor intensidad sobre el planeta.
Quizá ahí se encuentre la esencia de toda su filosofía.
Para Rut Komori, transformar una casa no consiste solamente en cambiar muebles, mover objetos o conseguir una estética determinada. Significa establecer una relación consciente con el lugar que nos contiene, cuidarlo y reconocer que nuestra manera de habitarlo también habla de nuestra manera de habitar la vida.
Su recomendación final no requiere grandes conocimientos: conectar con nuestros espacios, darles amor, mantenerlos limpios, ordenados y cuidados, y después observar qué comienza a suceder dentro de nosotros.
Porque bajo su mirada, armonizar una casa no es simplemente decorar: es intentar alinear lo visible con lo invisible, lo material con lo espiritual y el espacio que habitamos con la vida que deseamos construir.
Y si cada hogar en equilibrio puede convertirse en una pequeña luz, transformar nuestra casa quizá sea también una manera de comenzar a iluminar el mundo.